En Sevilla no como sola, no ceno sola y no llego a una ciudad donde no me espera nadie. Arrastro la maleta y ya les veo. A los dos, esperándome. Una niña pequeña tan guapa y su padre me dan un abrazo y nos subimos en un micra rojo con parasoles de Hello Kitty. La niña pequeña se llama Paula y me deja su habitación esta semana. Su padre no se llama Danny, aunque le llamaremos Danny.

En Sevilla me depilo que ya hacía falta y como sushi en casa de Bloody, la madre de Paula. En cuanto nos quedamos solas, nos ponemos al día rápidamente concluyendo al fin, que los hombres son la degeneración de la especie mientras La Mala Rodríguez canta sólo hay cabrones y cobardes. Y me entra la risa de pensarlo ahora.

Los desayunos con Danny es lo que más echaré de menos. Y lo pienso mientras desayuno con él y trato de retenerlo y de fotografiarlo en mi cabeza, los molletes con tomate y zumo de naranja y café con leche fría que nunca ponen fría y sobretodo las conversaciones filosóficas de primera hora. Objetos y objetivos, constantes y azar, infinito limitado, perspectiva y distancia. Y de todo lo demás también.

Y nos separamos y yo tiro a la izquierda y danny a la derecha y monto mi escenario andaluz y espero a que vengan y recuerdo a kevin Costner en esa película Campo de Sueños, “si lo construyes ellos vendrán”, Y vienen muchos aunque no tantos porque hay otros que construyen la Feria y tiene más tirón que lo mío, claro.

Miro a las personas que pasan por delante de mí e intento sacar patrones conductuales, sociales, o lo que sea. Y saco un papel y empiezo a escribir y escribo sobre el horóscopo y los adjetivos que utilizan para definirnos. Leales, inteligentes, valientes, románticos, apasionados, caseros, extrovertidos, sinceros.  y pienso que todos somos todos según el momento y en que siempre nos gusta sentirnos reconocidos por el otro y a lo mejor por eso existen patrones. Y pienso en autodefinirme y escribo de lo más fácil a lo menos fácil: me gustan sobretodo los hombres aunque sean la degeneración de la especie y me río, desde luego una barrita con tomate por la mañana, las cervezas con mis amigos, hablar con Pablo de robots y del hombre inconcebible, el drumme negrita de Perico y el Generalife de Morente, el Atleti con mi padre y mi hermano. Color: todos. Edificio: la Alhambra. Arquitecto: ninguno. Animal: mi perro. Ciudad: Donosti, aunque mentiría si no dijese que Madrid también, menos bonita, más mía. Los cuatrocientos golpes y Cadena perpetua y Blade runner y Big fish, por Antoine Doinelle, por Andy Duphresne, por Rachel y por Edward Bloom y luego por Molly Bloom por terminar diciendo And yes I said yes I will yes. Si pudiera cambiarme por alguien me cambiaría por Halle Berry porque está muy buena y además es negra. Si pudiera hablar cinco minutos con alguien que ya no está vivo, hablaría con mi madre y si me concedieran hablar cinco minutos con mi madre, se lo regalaría a mi padre. Comida: la sopa de cocido, la tortilla de coliflor y el sushi. Creencia: las posibilidades son infinitas aunque no todas. El principio: ser feliz, el final: ser más feliz.

Y viene Danny a por mí porque en Sevilla no me quedo en un hotel, ni como sola, ni ceno sola y nos vamos en un micra rojo con parasoles de Hello Kitty, y cenamos y vemos House en la tele y cuando no puedo más, me voy a dormir a la habitación de Paula.

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