El día de antes es casi lo más emocionante: mañana ya no voy a estar aquí, mañana voy a pisar otra ciudad. Y da igual que sea por trabajo, da igual incluso que ese trabajo consista en vender, espero nerviosa a que llegue la noche para dormirme y despertarme en el día que me subo en un tren y voy a… pues depende. pero no me duermo.

Hacer la maleta me cuesta mucho. Me resulta muy difícil comprimir 7 días en una forma tan limitada. No sé que voy a querer ponerme. No es tanto una cuestión de que no sé que clima hará, sino más bien una cuestión que tiene que ver con el nuevo lugar y yo misma. El mundo improvisa cada mañana y me gusta corresponderle.