Este relato, lo ha escrito Tricia, también conocida como Pat:  http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/pat-lv por mi cumpleaños, y quería publicarlo porque me encanta.

Historia del regalo de Tricia a Reichel

Busco algo. Buscar es un reto. Por las restricciones. Froto la lámpara y sale mi ingenio. Hola,  busco un regalo bonito. Para Reichel. Había pensado en algo como pagar la hipoteca. La hipoteca es vulgar. El dinero es vulgar. Yo no tengo dinero.
Un trabajo entonces. Un trabajo que no parezca un trabajo, un trabajo en el que no hace falta el despertador, ni te quita la sonrisa el domingo por la tarde, uno que no es bíblico, sin sudor en la frente. Pero lo busco y no lo encuentro. Reichel también lo busca. Al final todos buscamos. Igual entonces necesita fuerza para no cansarse. Mi ingenio se esfuma. Tienes razón. Fuerza no, fuerza tiene de sobra. Como ceniceros. Vuelve anda. Y vuelve. Sin guardarme rencor. A lo mejor un marido y unos hijos para que la tía maricarmen se quede tranquila. Porque la tía maricarmen siempre pregunta, como todas las tías, que por qué no se quedaron con el bueno y qué tal estás? Y a lo mejor si la tía maricarmen, está tranquila, deja de preguntar preguntas que inquietan y meten prisa. Porque no hay prisa. Hay hoy. Y mi ingenio me replica. Que si no estaba buscando un regalo para Reichel, que a la tía maricarmen cuando sea el cumpleaños de la tía maricarmen. Y mientras mi ingenio sigue pensando yo me paseo por las tiendas. Y me concentro en la casa. La de Reichel. Y pienso en colchas, edredones, en manteles, en vasos, en tazas de café. Y me pregunto qué cojones podemos tener en común los enseres la amistad y yo. Y cuando no consigo entender me bloqueo, y menos sin mi ingenio. Y sin pensar entro en una tienda donde he visto un cenicero de sherezade, y de pronto, una cosa me lleva hasta el fondo de la tienda. Es bonita. Tan pequeña. Y la rodeo con las manos aunque pone No tocar. Y miro esos colores. E imagino el verde. Por qué. Porque sí. Y siento el impulso, y me digo ya, esto es. Y el cenicero, por ayudarme a encontrar.  Mientras envuelve con esmero le pregunto a la dependienta. Es para un regalo,  ¿si no le gusta lo puede cambiar? Sí, por otra cosa. Pero ¿de verdad crees que es posible que no le guste? Y la señora me dice eso y yo me quedo más tranquila, aunque la señora no conozca a Reichel, ni a su casa, ni a su tía maricarmen. Pero yo me quedo más tranquila.
Y de pronto me doy cuenta de que esa cosa no me ha llamado por su belleza. Ni por su color. Me ha llamado por su símbolo.

Historia de una lámpara de noche.