Me llamo Ada. Soy hija de Lorenzo y Catalina.

Mi padre, Lorenzo, nació en Milán, vino a Madrid hace 20 años para aprender castellano y ya nunca se marchó. Ahora no habla bien ni el español, ni el italiano.
Por las mañanas, cuando se levanta, nos despierta a todos cacareando. Es un ser diurno, le gusta pasear y hacer fotos. Este año, dice, es su año, el 2008 que según la numerología es el año del sol, pero curiosamente, conoció a mi madre una noche.

Mi madre, Catalina, nació en Madrid, es hija de madrileños y nieta de madrileños. Es muy blanca y tiene los ojos más claros que conozco. Es un ser nocturno, no le gusta la playa, no le gusta el campo. Le gusta aullar en Madrid de noche y el jazz. Curiosamente se enamoró de mi padre por la mañana.

Yo me parezco a mi madre más que a mi padre, pero mis ojos son dos grandes soles como los de Lorenzo.

Siempre he sido más bien alegre, incluso muy alegre, pero con 11 años, cuando mi profesora, la señorita Maricarmen, nos dijo, con esa voz de canario que tenía, que la tierra no era exactamente esférica sino achatada por los polos, me quedé muda seis meses enteros y los ojos, mis dos soles, se me hincharon hasta el punto que parecía que en cualquier momento me ahogaría, como un pez fuera del agua.

Una noche, por fin, le dije a mi madre: Catalina, si la tierra no es esférica, entonces cualquier cosa puede pasar ¿me entiendes?, quiero decir, no es cierto que el mal se compense con el bien, no es cierto que haya una mujer para cada hombre, no es cierto que las cosas ocurran por un motivo. Lo único cierto, es que cualquier cosa puede pasar, y tengo miedo porque yo soy demasiado pequeña, ¿me entiendes?.

A partir de entonces todos los domingos comenzamos a ir al “templo”. El templo, para mis padres, era el planetario de Madrid: “esta es la mejor forma de estar cerca de Dios, Ada, y si crees en algo, todo es más fácil” y tenían razón porque precisamente allí, conocí a Dios.

Como Dios, era más bien pequeño y delgado, un poco desaliñado y con barba, más que un DIOS era sólo un dios y todavía no sabía muchas cosas, aunque sí sabía, por lo que me dijo después, que le gustaban mucho los planetas y que de alguna forma, era como si hablaran de su vida. Sí era más bien popero, aunque también rockero y technoso y no sabía nada de jazz…todavía no sabía muchas cosas.

Volví con Catalina y Lorenzo que seguían embobados mirando las estrellas, les cogí de la mano y les miré con una sonrisa de oreja a oreja.
– ¿qué te pasa Ada que estas tan alegre?
– que es verdad que todo puede pasar, pero ya no tengo miedo. He conocido a DIOS, bueno a dios, y es incluso más pequeño que yo.