– Y tú, ¿cómo llegaste aqui?
– Ya sabes, como todos, quería la fama, el dinero: el fuego del poder. ya sabes, llegué aqui por vanidad.

Me recuerdo a mi mismo ojeando aquellas revistas de arquitectura, y deseaba ser aquello, deseaba que otros me vieran a mí como yo veía aquello: con envidia. que admiraran mi talento, mi técnica. que mi nombre fuera recordado, estudiado. Quería ser el puto amo de la construcción.

Y ya ves que lo conseguí, ves que me rodean, los abogados más famosos del mundo, ves que junto a mí trabajan los políticos que han dirigido naciones, los creadores de la coca-cola, los publicistas que lograron que en todos los hogares hubiera una playstation, los directivos de las cadenas más prestigiosas de la televisión, todos ellos son mis colegas ahora.

Invertí mi alma en conseguir la fama, y comencé una brillante carrera ganando concursos contra los grandes. Al principio con arquitectura honesta y después no, después me dio todo igual, me dieron igual las personas, y también el entorno, tanto si era un paisaje agreste como si era en medio de la ciudad, solo importaba yo mismo. Creo que nunca he tenido la polla tan gorda, creo que era de tanto mirármela.
Folle mucho, no recuerdo que nadie me quisiera especialmente, excepto aquella chica, ella sí me quiso, Laura, Laura se llamaba, yo la quise a ella también, pero no saciaba mi sed de éxito, y la dejé.

¡y para qué!, a los cincuenta sufrí aquel ataque al corazón, rodeado de nadie, sólo con mi éxito, que no ha sido tanto. Y allí postrado, sin fuerzas y exhalando mi último aliento, tuve que cumplir mi parte del trato. Así que aquí estoy hablando contigo -creador de las hombreras en los 80-, que tanto daño has hecho al mundo, del mismo modo que yo y los otros, trabajando sin parar con este fuego del poder que no cesa en la planta -9 del infierno.