la persona más valiente que conozco tiene miedo de hacer maletas. siempre que hay viajes teme el momento de escoger, de decidir. siempre quiere hacer la maleta perfecta, y eso es muy difícil. pero siempre las hace, y le salen casi perfectas.

la maleta de hoy era distinta porque no tenía que escoger nada, tenía que llevárselo todo. más fácil de hacer que las otras, más difícil de hacer que ninguna.

y así con sus maletas, en una casa que no es la suya, esperando la señal para irse a otra casa que tampoco es la suya. otra casa más, otra mudanza más, sin saber por cuánto tiempo hasta la próxima mudanza, con las mismas maletas de nuevo.

esperando, esperando y esperando. la señal no llega. llama ella. no hay respuesta. manda un mensaje. no hay respuesta. llama otra vez…nada. el teléfono se enciende. es la señal. prefiero que no vengas…espero que lo entiendas. ella mira a su alrededor y mira la casa que no es su casa pero es en la que duerme y en la que tiene sus cosas dentro de la maletas y se pregunta ¿y a mí quien coño me entiende?

llama por teléfono quiere hablar con el sr lobo, el que resuelve los problemas, pero comunica…debe estar entendiendo a algún otro. y llama a un amigo, y le cuenta, y quedan para el jueves para resolver el entuerto. vuelve a mirar esa casa que no es su casa llena de maletas.

llama de nuevo: ¿te importa que me quede en casa esta noche por favor?, y rompe a llorar, porque de nuevo ve las maletas en esa casa que ya no es su casa. y no puede más, y además el osteópata le ha dicho que llore, que lo que tiene es de no llorar, y ella llora mucho y vuelve a preguntar ¿puedo?. al otro lado de la línea una voz preocupada le dice: quédate el tiempo que necesites. y ella llora más.

y se sienta un rato y deja de llorar y empieza a pensar y a ordenar mentalmente todo lo que tiene que hacer mañana, y es mucho, es muchísimo, y lo piensa un rato más, y se tranquiliza porque sabe que lo va a hacer todo, y porque sabe que mañana se lleva las maletas.