creo que hay un tipo que dirige esta orquesta.

no sé si es dios creador, yo lo veo más bien como dios creativo.

me lo imagino mirando desde arriba y dirigiendo este caos, hasta conseguir la coreografía perfecta. a veces, hasta oigo la música del largometraje.

un traveling de una chica que llega a principe pío corriendo porque son y35 y el tren pasa a y37, llega al andén. suena el tren estrepitoso, inmediatamente todos giran la cabeza para verlo llegar, pero la chica continúa continúa continúa andando hasta que el tren se detiene a su lado, pulsa al botón, le guiña el ojo al director y se sube. la toma ha quedado bien.

esa chica soy yo.

cuando voy por la calle, observo lo que va entrando en plano. Un niño corre en diagonal con un jersey en la cintura, se le cae. una mujer lleva un ramo de flores rojas. un chico le toca el culo a su chica. una tintorería con camisas de colores.  una panadería: cola, diálogos que se entrecruzan, vidas paralelas. entra la loca del barrio, habla alto sobre situaciones irreales. la atención se centra sobre ese personaje. mi turno, empanada de bacalao. abandono la escena.

Como soy consciente de lo que ocurre a cada momento colaboro con el director.

Estoy a favor de la creación. Mi ropa no es casual, es el vestuario que define a mi personaje, y cambia según y como, pero siempre a favor de la creación.
no ando igual si voy con un sombrero que con una gorra, no sonrío lo mismo con un pantalón que con medias de colores, las gafas sin cristales son un complemento de mi personaje cómico.
Cada cosa que hago, cada conversación, cada parpadeo, cada beso, cada caricia lo ordeno en la escena para que no sea indiferente.

El dios creativo, cuenta conmigo para su labor, no me deja pasar desapercibida, o que me pasen las cosas desapercibidas.

Esta mañana, he salido con la intención de que el de arriba no me viera, que me dejara en paz, que me dejara estar todo lo triste que estaba. un abrigo verde, mi pantalón marrón, camiseta… la primera, en el bolso dinero, el móvil y un rollo de papel higiénico porque todas las lágrimas del mundo no me caben en un paquete de clinex .

He cogido la calle fuencarral. Un sol radiante.

He mirado hacia arriba y le he dicho: “hoy no, ¿vale?”. Andando con la cabeza gacha para no ver nada. Con el temor de que cualquier cosa me sacara de la tristeza.

Oigo una voz: “joven, joven. Que guapa eres. ¿Puedo verte bien?” es un señor mayor de 89 años me dice después, no parece un brasas, no parece querer mi dinero, no parece peligroso. Me quedo parada, me acerco. Me dice: “siéntate que te voy a hacer una poesía. Eres una preciosa mujer” todavía con recelo, le miro, y después me siento a su lado. Me dice que a partir de ahora es mi abuelo, mi abuelo angel, mi abuelo adoptivo, el abuelo más castizo de Chamberí. me hace escribir una poesía que se va inventando sobre la marcha. Me da un abrazo y nos despedimos.

Miro hacia arriba, con una sonrisa de medio lado mientras le farfullo al que dirige la orquesta: “eres un cabrón….”