Mi JEFE, mi jefe no por mucho tiempo, mi jefe es un bicho.

Es deslumbrante, sabe todo de todo y cuando tú no sabes tanto, te pica.

Practicamente nunca sabes tanto, así que revolotea por las mesas picándonos a unos y a otros.

A veces pica con rabia, y muerde, y te hace sarpullidos: “tu sección la debería hacer alguien culto”, o  “para hablar conmigo hay que ser inteligente”

Sin embargo, yo le tengo una ternura, el pobre es sólo un buen bicho que actúa de la única forma que le han enseñado, picando.

Incluso pica cuando se desata en halagos: “raquel vas vestida de payaso”

Yo le miro con ternura y le explico que no es un halago apropiado, él revolotea palabras sobre la moda circense y los impresionistas, yo le insisto: no es un halago apropiado.

Le digo que es bueno, pero que es difícil.

Claro, es un bicho.

Él lo sabe.

Creo que no le gusta ser un bicho, aunque no sabe como dejar de serlo.

Comemos porque me voy. Quiere que me quede. Sabe que soy la única que entiendo que es bueno a pesar de que pique. Que no le tengo miedo. Ni más respeto. Que lo valoro aunque pique, y a veces… se pase.

Me desea suerte mientras me da un abrazo y me dice que soy incapaz de hacer algo que no sea bonito.

El bicho, a veces, es adorable.

Le digo que me quedo hasta abril.

El bicho mueve sus alas por la revista, y no pica estos días.

Está apaciguado y le brillan los ojos.

Me dice Raquel, ven, quiero decirte una cosa.

Voy.

Me dice:  quería decirte que me da mucha pena que te vayas, que de pensar que no vas a estar el mes que viene…se le caen dos lágrimas.

Le digo: vendré a verte, pero no piques!!