La última habitación.
La mejor ciudad.
– ¿Qué habitación quieres?
– Una con vistas.
– Habitación 602

Llueve.
No tengo mi paraguas naranja.
Lo he perdido.
Puede estar en cualquier lugar de España menos  aqui en San Sebastián.
Pero es aquí donde llueve.

Me llaman la bruja del norte
-siempre que vienes hace mal tiempo
-y ¿cuando me voy mejora?
-…
-…

Me aburro.
aunque el conserje me trae caramelos y el periódico
Hago mi primer sudoku y luego mi segundo sudoku.
Miro la hora. Confirma el hambre.
Cojo mi paraguas nuevo y me voy a comer.

A ese sitio.
espero ver a mi señor del atleti
y mi señor del atleti está  y se acuerda de mí.
Y nos damos un abrazo atlético
y soñamos con ganar al Fulham y al Sevilla, con que pierda el Madrid la liga, con que la Real suba a primera.

El miércoles Sambeat.
toca al lado de mi hotel.
cojo mi paraguas nuevo y me voy.
La cerveza es barata, el concierto cojonudo.
no puedo creer la suerte que tengo.

El jueves con Mikel.
Me lleva de pintxos que escoge él.
Hay uno con huevas que me encanta… se explota en la boca.
Hablamos de redes, de búsquedas y hasta de fantasmas.
no puedo creer la suerte que tengo.

No voy a querer irme.
me despierto aturdida por una intensa luz de repente. pienso y recompongo:
anoche cortaron la electricidad y ahora se ha encendido toda de golpe.
Sigo en San Sebastián en mi habitación con vistas, en la 602.
no puedo creer la suerte que tengo.

Me levanto.
termino la maleta.
hago mi última foto.
miro por última vez por la ventana.
cojo mi paraguas nuevo.

No llueve.
es porque me voy.
trabajo: caramelos, me aburro, sudoku y sudoku.
me despido de mis conserjes, y de todos, y de mi señor del atleti y de todos también
y de la ciudad y del mar y del río y del mar y del monte y del pintxo con huevas
y de la lluvia y del cielo gris.
y de Mikel y del jazz también.
y cojo mi paraguas nuevo y me voy.

6 horas antes de llegar a Madrid.
Un fin de semana antes de volver al trabajo en redacción.
Saludos, reunión, voy a dejar el paraguas nuevo.
no puedo creerlo.
Allí está mi paraguas naranja.
dejo el nuevo, claro.
cojo el naranja que es el mío.

Y no sé cómo me ha encontrado otra vez.
siempre lo hace.
es magia o algo.

creo.

La primera vez que vine a Valencia, probablemente por error, me dieron una habitación cojonuda. Desde entonces siempre hago lo mismo, llego, doy mis datos, subo a la habitación, compruebo que no es ni mucho menos tan cojonuda, bajo y digo:

– Hola, mira, la habitación que me habéis dado es mucho peor que la de otras veces, no es que esté mal… está bien, pero claro… ¿No sería posible una habitación similar a la del año pasado?

Y siempre es posible, y me dan una habitación de la hostia, con un tatami en el que hago mis estiramientos de espalda por la mañana.

El hotel está lejos del centro y muy cerca de la Universidad, del Politécnico como lo llaman ellos, y voy andando.

En el camino siempre tengo la sensación de que puedo morir de varias formas distintas antes de llegar a mi destino. Atropellada por una bicicleta, atropellada por un coche, atropellada por un tranvía, y otra vez, atropellada por un tranvía, atropellada por un coche y de nuevo por una bicicleta.

Cuando llego a la acera opuesta, celebro seguir con vida al ritmo de la canción de Rocky. Ando hasta un cartel gigante de un toro, porque  en la Escuela de Arquitectura de Valencia descansa tan alegre un cartel del toro de Osborne, lo que me hace pensar que esta es sin duda una gran Escuela.

Saludo cariñosamente a las bibliotecarias y a los alumnos a los que reconozco, y reconozco a muchos, y muchos más me reconocen a mí. Eso me gusta la verdad. Me sitúa. Como me pasa a veces cuando fumo. Fumo porque me sitúa en unas coordenadas X, Y Z en un tiempo concreto que es el que sea. Me cuesta bajarme a la realidad y establecer todos los convenios sociales establecidos y desearía ser invisible para seguir en mis cosas, pero mierda! no lo soy, y la gente me pregunta cosas porque me ven y les respondo y está bien y eso y otras veces me siento una farsante porque no me interesa nada y tiene que parecer que sí porque me hablan las personas y les respondo porque no soy invisible y yo querría estar a mis cosas y no a las cosas de los otros  o a las cosas  de nadie o de las propias cosas, sí a veces me pasa y por eso fumo, porque me sitúo y ya puedo ser visible, es como la pluma de Dumbo, o algo así.

E igualmente me sitúa reconocerme en lugares  en los que paso una semana cada seis meses. Me reconozco en las personas que me reconocen, en el camino que siempre es el mismo de ida y de vuelta con todas las posibilidades de ser atropellada, y en mi habitación cojonuda en la que ceno sola. Siempre pido abajo lo que sea, un bocadillo, un lo que sea y no espero, pido que  lo suban a la habitación 213. Ceno sola, me despierto sola, desayuno sola, como sola… pero con clase, en mi habitación cojonuda, en la 213.

En Sevilla no como sola, no ceno sola y no llego a una ciudad donde no me espera nadie. Arrastro la maleta y ya les veo. A los dos, esperándome. Una niña pequeña tan guapa y su padre me dan un abrazo y nos subimos en un micra rojo con parasoles de Hello Kitty. La niña pequeña se llama Paula y me deja su habitación esta semana. Su padre no se llama Danny, aunque le llamaremos Danny.

En Sevilla me depilo que ya hacía falta y como sushi en casa de Bloody, la madre de Paula. En cuanto nos quedamos solas, nos ponemos al día rápidamente concluyendo al fin, que los hombres son la degeneración de la especie mientras La Mala Rodríguez canta sólo hay cabrones y cobardes. Y me entra la risa de pensarlo ahora.

Los desayunos con Danny es lo que más echaré de menos. Y lo pienso mientras desayuno con él y trato de retenerlo y de fotografiarlo en mi cabeza, los molletes con tomate y zumo de naranja y café con leche fría que nunca ponen fría y sobretodo las conversaciones filosóficas de primera hora. Objetos y objetivos, constantes y azar, infinito limitado, perspectiva y distancia. Y de todo lo demás también.

Y nos separamos y yo tiro a la izquierda y danny a la derecha y monto mi escenario andaluz y espero a que vengan y recuerdo a kevin Costner en esa película Campo de Sueños, “si lo construyes ellos vendrán”, Y vienen muchos aunque no tantos porque hay otros que construyen la Feria y tiene más tirón que lo mío, claro.

Miro a las personas que pasan por delante de mí e intento sacar patrones conductuales, sociales, o lo que sea. Y saco un papel y empiezo a escribir y escribo sobre el horóscopo y los adjetivos que utilizan para definirnos. Leales, inteligentes, valientes, románticos, apasionados, caseros, extrovertidos, sinceros.  y pienso que todos somos todos según el momento y en que siempre nos gusta sentirnos reconocidos por el otro y a lo mejor por eso existen patrones. Y pienso en autodefinirme y escribo de lo más fácil a lo menos fácil: me gustan sobretodo los hombres aunque sean la degeneración de la especie y me río, desde luego una barrita con tomate por la mañana, las cervezas con mis amigos, hablar con Pablo de robots y del hombre inconcebible, el drumme negrita de Perico y el Generalife de Morente, el Atleti con mi padre y mi hermano. Color: todos. Edificio: la Alhambra. Arquitecto: ninguno. Animal: mi perro. Ciudad: Donosti, aunque mentiría si no dijese que Madrid también, menos bonita, más mía. Los cuatrocientos golpes y Cadena perpetua y Blade runner y Big fish, por Antoine Doinelle, por Andy Duphresne, por Rachel y por Edward Bloom y luego por Molly Bloom por terminar diciendo And yes I said yes I will yes. Si pudiera cambiarme por alguien me cambiaría por Halle Berry porque está muy buena y además es negra. Si pudiera hablar cinco minutos con alguien que ya no está vivo, hablaría con mi madre y si me concedieran hablar cinco minutos con mi madre, se lo regalaría a mi padre. Comida: la sopa de cocido, la tortilla de coliflor y el sushi. Creencia: las posibilidades son infinitas aunque no todas. El principio: ser feliz, el final: ser más feliz.

Y viene Danny a por mí porque en Sevilla no me quedo en un hotel, ni como sola, ni ceno sola y nos vamos en un micra rojo con parasoles de Hello Kitty, y cenamos y vemos House en la tele y cuando no puedo más, me voy a dormir a la habitación de Paula.

Un viaje de dos semanas, un tren de cuatro horas, un señor a mi lado me habla durante tres de ellas. Me recuerda a mi padre. Se llama Antonio. Como mi padre. Me resulta entrañable y, a pesar de que no quiero que me hable más, también quiero darle un abrazo.

La tercera vez en esta pensión. Dos veces en la habitación 111, una vez en la 222. Siento por la pensión algo parecido a lo que siento por el señor Antonio del tren.  Miro la habitación, si hubiera venido un mono a dejar los muebles en mi habitación, es posible que le hubiera quedado sólo un poco peor. Intento mover la cama y pegarla a la pared, pero la cama no es mueble sino inmueble y me resigno. Quizá esté mejor así.

No tengo internet, no tengo tele y en realidad da igual porque estoy en Granada y sólo de pensarlo me entra la risa. ¿cuántas veces en Grananada? unas 15, quizá más. Aquí estoy una vez más, al lado del castillo rojo y si quiero puedo ir, si quiero hoy mismo, si quiero ahora mismo y sí! quiero, así que me voy. ¿Cuántas veces en la Alhambra? unas 15 o más.

Por los jardines veo a una pareja, él despliega todo su encanto y le dice a la chica que es “arquitectura de los sentidos” me sonrío imaginando la Alhambra con expendedores de condones.

No termino de pillarle el rollo a lo de las tapas con la cerveza, y al final siempre paseo borracha, ¿dónde me he dejado el vinilo que me he comprado?, sé que es por allí, pero cuando llego allí no es allí y se me cansan las piernas de tanto andar y sólo de pensar en volver a la pensión que está tan lejos. Coño aquí es! El camarero me ve y me da directamente mi vinilo, voy a pedir una caña o dos… que tengo hambre. Ya veré como llego luego, ya luego si eso lo pienso, si total está allí y mejor llenar el estómago un poco y desear la cama esa que está colocada en mitad de la habitación sin sentido ninguno en la habitación 222 de Granada.

Mi padre nos levanta dando gritos y golpes que la renfe está en huelga!

Nuestro tren sí sale y vamos cada uno en un vagón, mi padre le echa la culpa a mi hermano. mi hermano a mi padre.

Y llegamos bien al Puerto, un poco tarde sólo. Ha llamado la tía acaba de hablar con el revisor del tren, papá se ha dejado el móvil en el tren.

Salimos al bar de Pepe a saludarle, a estas horas ya está un poco piripi. Nos invita como siempre y al final de la barra está el Fali.  Hablamos de flamenco, del Moraíto, del Poveda y de otros. Comemos en el Zopa que es el Sopa.

En casa mi padre me enseña todas las goteras y me explica entusiasmado todas las soluciones constructivas que se le han ocurrido.

Por nuestra casa pasan al menos siete procesiones, me asomo al balcón por la mañana con el pijama. Doscientas personas esperan que cante una saeta mientras casi puedo tocar a la virgen. Me escondo pudorosa tras los visillos decepcionando al público.

En Conil quedamos con Celestino. nos habla de la pesca y del atún rojo y de la ruta que se hace por el mundo y de que sólo se le puede pescar en aguas cálidas y de que los hay que pesan 700 Kg y luego habla de las hormigas que prevén las lluvias y de las abejas que saben que va a haber levante y por eso hacen sus nidos este año en poniente. Nos creemos que sabemos de todo y no sabemos una puta mierda. También va un poco piripi.

En el Carrefour compramos una cosa de la tdt,, yo le llevo al vendedor los mandos de la tele porque el que tenemos en casa no funciona y no sé si le hemos dado a algún botón que no es. El señor no sabe. Compramos el nuevo y mañana le damos el cambiazo con el de casa. Tenemos que hacer compra. hay que hacer cola donde el embutido. ni a mi padre ni a mi nos gusta estar quietos esperando, echamos a suertes quien se queda en la cola y quien se va a buscar el resto de las cosas. Gano yo. vuelve pronto. vuelvo pronto. un señor habla con mi padre de los años 40, del hambre y de la cárcel de Cádiz. Compramos medio kg de jamón porque está de oferta. lo que sobre lo llevamos a Madrid, pero no va a sobrar. Y no sobra.

Vamos a la playa. Comemos allí. Hablamos de mi madre, de otras cosas y de mi madre. Y luego sólo de otras cosas. Del feng shui por ejemplo, no me acuerdo por qué. Mi padre –¿qué es feng shui?. Yo -Una cosa china que te dice dónde colocar la cama y otras cosas así. Mi padre –la gente se pasa la vida buscando la piedra filosofal de la felicidad que si el feng shui ese, que si me voy a Santiago de Compostela andando, que si hago yoga y al final se mueren sin ser felices y todo porque no han venido a Cádiz, al Puerto de Santa María.

no te quiero porque detesto ir a verte en avión y porque me envían en avión porque el ave es tan caro. Tú, que eres tan mirada con el dinero.

te quiero porque me encanta verte, porque hace buen tiempo y te paseo, porque tienes mar y me rizas el pelo y porque siempre estás guapa.

no te quiero porque eres cara y prepotente.

te quiero porque camino hacia el metro y paso por la Plaza Real y me paso por el Jamboree a ver el programa y cuando lo veo compruebo que toca Llibert Fortuny esta noche, y entonces te adoro.

no te quiero porque no me tratas bien en el trabajo, porque me desprecias y no me saludas, porque te doy mi energía y no me la devuelves y porque me haces odiarte.

te quiero porque la frustración me hace ser más creativa.

no te quiero porque no tolero la frustración.

te quiero porque me llama mi amigo Juan y me dice dónde estás y le digo en el metro y me dice en qué parada y le digo en María Cristina y me grita corre bájate y yo me bajo de un salto y nos vemos.

no te quiero porque cuando pedimos cerveza no nos das nada para acompañarla.

te quiero porque veo a Fortuny y es mágico cuando toca el Donna Lee y dice que en realidad Charlie Parker era catalán.

no te quiero porque no me dejas fumar en un local de jazz.

te quiero porque conozco a dos dibujantes y los dos se llaman Marc y hablamos de cómic y de películas.

no te quiero porque he venido en avión y estoy agotada y no puedo ver la jam entera.

te quiero porque desayuno por el camino un café muy grande tan rico.

no te quiero porque en el trabajo me derrotas.

te quiero porque me encuentro por la calle a mis amigos y les doy un fuerte abrazo.

no te quiero porque vas de diva y no te aguanto.

te quiero porque encuentro una caja en la calle pintada que dice que la basura es arte y porque encima de la caja hay un libro de Schopenhauer  que es el arte del buen vivir y me lo llevo.

no te quiero porque me haces sentir como un león en la selva.

te quiero porque a veces me sorprendes.

no te quiero porque dices que mi habitación 204 es art nouveau

te quiero porque no lo es, porque mi habitación 204 es simplemente vieja.

CONVERSACIONES CON SUSCRIPTORES

ALGUIEN – Cuántos carteles. ¿No sabes que la sobreinformación produce desinformación?
YO pienso: -necesidad de compartir un pensamiento inteligente- digo: – ¿te importa traerme un café?
ALGUIEN – Qué bonito.
YO – Gracias.
MUCHOS – ¿Para qué son las gafas?
YO – Para ver la oferta mejor
CATEDRÁTICO DE PROYECTOS 1 -Tú haces exposiciones culebrón
YO – ¿culebrón?
CATEDRÁTICO DE PROYECTOS1 – Si. Cada día es distinto al anterior.
ALGUIEN – ¿Cual es la mejor revista?
YO – el Casa Cuerpo Crisis. Sin duda. Pero no te va a gustar.
ALGUIEN – ¿por?
YO – porque no es de arquitectura
ALGUIEN – Pues esa quiero.
YO – Te va a encantar.
CATEDRÁTICO DE PROYECTOS 2 -Me llegó un ejemplar maravilloso de este número de latinoamérica. Tres veces Chile y ya, un ejemplar único.
YO – qué… ¿suerte? por lo menos no era tres veces Mexico…
ALGUIEN -……… esta escuela está bien porque aprendes autocad
YO – es verdad, aquí se da eso. Yo conozco una profe que da autocad aquí.
ALGUIEN – ¿Quien?
YO – XXX ZZZ. Trabaja en AV.
ALGUIEN – …
YO – …
ALGUIEN -…
YO – es maja ¿no?
ALGUIEN – es muy dura…
YO pienso: – le gustaba Bergman y Dreyer…  tengo que buscarla un novio latino.- digo: – A ver si la encuentro un novio latino.
ALGUIEN – ¿perteneces a alguna tribu urbana?
YO – ¿cómo?
ALGUIEN – Sí, que si sois más, un grupo o algo y vais juntos por la calle, como los mods o los punkis y eso. Lo digo por la ropa que llevas.
YO – Ah! Sí claro, soy cyberpunk pero de la nouvelle vague.
ALGUIEN – Ah
2 ALGUIEN – Podíamos hacer un trío
YO – interesante…
2  ALGUIEN – Pero no nos has dado tu teléfono
YO – No, no os lo he dado.
YO – ¿quieres que te cuente la oferta?
ALGUIEN – No.
YO – ¿por?
ALGUIEN – Estoy intentando sacar información de mi mente. Tengo demasiada información.
YO – suprime la tv
OTRO ALGUIEN -cuéntamela a mí.
la cuento
OTRO ALGUIEN – quiero hacerme
YO – ¿y tu amiguito escéptico?
ALGUIEN – dame un boletín de esos a ver.
ALGUIEN -¿estás recogiendo ya?
YO – Sí…
ALGUIEN – ¿nos lo cuentas?
YO – Jajaja. Claro.
ALGUIEN – Ya te vas?
YO – síiiiiii
ALGUIEN – Y ya no vuelves más?
YO – … No lo sé.

Revivir el pasado, no en un viaje mental sino físico. Eso es para mí trabajar en la ETSAM.

El lugar en el que más he creado. El que más destructivo ha sido conmigo.

Delante de la cafetería, en mi puesto, recuerdo hacer fotos en B/N para una optativa y mirar proyectos entre donuts y cafés. Subir del museo con la cara negra de carboncillo y no sorprenderme de ver radiografías colgadas de los árboles.
Diez mil maquetas, con un millón de materiales. Y tantos fotomontajes, y antes de eso los collages porque hasta 5º yo no usé el ordenador. Lapiz lapiz lapiz, imágenes recortadas y fotocopiadas que componían otras imágenes.
Barcelona, San Sebastián, Roma y Berlín arquitectura a toda velocidad.
Novio, amigos, novio y amigos. Noches sin dormir… muchas. Tantas fiestas, erasmus pero sobretodo entregas. ¿Cuántos proyectos? ¿cuántos profesores? No me acuerdo de los profesores. No he olvidado ningún proyecto. Algunos los recuerdo con vergüenza, otros con cariño y otros con emoción, todavía hoy.

Un chico guapo se detiene delante de mi puesto y le pregunto ¿quieres que te cuente la oferta? Y quiere.

Deja unos dibujos sobre mi mesa. Los miro. Son regulares. Me confieso juzgando el nivel gráfico del chico, como lo hacía entonces y no me siento orgullosa de reconocer que un varón que no dibujase bien o que no destacara en proyectos no me resultaba una contraparte atractiva para el apareamiento.

Le eplico la oferta, coge el boletín y se va.

Diez horas diez paso en la ETSAM, casi como cuando estudiaba, sólo que ahora sin estudiar. Todo el tiempo en el mismo sitio. Cuesta no desesperarse. Para no hacerlo cambio literalmente mi escenario a diario. Aquí puedo hacer lo que quiera. Es mi casa. Un graffiti, una instalación con gafas y un lego de cajas de cartón.

Un chico, otro, se me acerca

– es un poco molesto

– pero, es bonito ¿no?

– Sí, pero ¿no te importa hacer cosas que molesten a la gente?

– Bueno, no es mi intención molestar, yo genero situaciones, a veces pueden ser molestas, pero entre que suceda y que no suceda, prefiero que suceda. Siempre, aunque moleste.

Cierro por hoy, cojo el metro con tantas personas tantas y una señora del este canta a capela con un micrófono. Me molesta, me pongo los cascos, pero me gusta que esté y que suceda y que me haga ponerme los cascos.

Llego a mi casa. Madrid, mi habitación.

En Valladolid me compré mis Martens por 20 euros. Este es el único lugar en el que, sin embargo, no llevo mis Martens.
En Valladolid hace más frío que en Madrid aunque el carácter pucelano es más cálido que el madrileño.
En Valladolid no conozco a nadie, igual que no conocía a nadie en La Coruña, y eso está bien porque gestionas tu viaje completamente, inventas el personaje que quieres ser. Y lo eres porque construyes las rutinas en lugares desconocidos y los haces sólo tuyos, o de tu personaje.

Supongo que detrás de una forma de ser existencialista se oculta la alegría de pensar que en ese lugar significas algo. De ahí la importancia de generar rutinas. Mi bar de mañana de barrita con tomate, mi paseo que empieza en mi bar de tarde de cervezas y pinchos y termina en mi bar de noche de más cervezas y más pinchos.
Supongo que detrás de una forma de ser existencialista se oculta el orgullo que me proporciona saber cómo se llega a los sitios sin mirar el plano. La plaza grande es la mayor, la menos grande la de España.
Supongo que mi forma de ser existencialista es la que me impulsa a volver del trabajo andando. Un cuarto de hora más o menos. Cruzo el puente y miro el Pisuerga que es marrón y aún así me parece bonito. Me gustan las ciudades que las corta un río, aunque sea marrón.

Paso mucho tiempo con Bolaño, ahora con “Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce”. Cuando llego al tercer capítulo que es de preguntas y respuestas, me dan ganas de abrazar a Bolaño, pero además de todas las hipotéticas dificultades físicas está esa otra imposibilidad metafísica, así que me quedo con las ganas.
Paso mucho tiempo en el mismo sitio y pienso en las frecuencias humanas. Yo soy testigo. Ritmos perfectamente acompasados que generan una malla de acciones simultáneas terroríficas. Las individuales comienzan con la hora en la que suena el despertador, el tiempo que uno le dedica a prepararse, el tiempo del desayuno. Al salir por la puerta empiezan las frecuencias sociales, empezando por los semáforos, que se encargan de ordenar posibles notas disonantes, entre masas de peatones y masas de vehículos, la hora del transporte público, la hora de entrada al trabajo, el descanso a media mañana, la hora de salida y otra vez semáforos. De pronto cien personas, de pronto ninguna. Yo soy testigo porque paso mucho tiempo en el mismo sitio.
Paso mucho tiempo fuera de casa hablando con personas distintas a las que les cuento lo mismo. Hoy 10 horas de hastío que no ha podido aplacar ni la mejor música ni el mejor Bolaño. Cuando todo termina estoy deseando volver a casa. Valladolid. habitación 302.

Mi primer viaje a la Coruña fue el segundo.
La Coruña ya no es un lugar.
La Coruña siempre será la muerte de mi madre.
el viaje más largo posible es desde Plaza de España a la T2
el viaje más largo posible es posiblemente más largo en la T2.
esperando.
la T2 no me deja quedarme en la negación.
antes de ir a La Coruña
me lleva por un pasado reciente
al día en que no quiero llamar a mi padre
pero le llamo y me dice algo
y lo que dice es más de lo que oigo
y lo que dice es lo que no quiero oír
pero lo oigo aunque no lo diga
así, el avión se fue sin mí
a La Coruña, cuando todavía era un lugar
y empezó el día que fueron tres
vida muerte despedida
frío lluvia nieve
yo no quiero despedirme
ni que nieve
y no quiero volver a La Coruña
ahora que no es sólo un  lugar.
pero la T2 no me deja tranquila
fumo en el habitáculo para fumadores
es deprimente, pero se ven los aviones despegar
y me siento con mis tres equipajes
porque esta vez no he facturado
porque esta vez no repito nada
salvo la T2. y el vuelo. y el destino
no. el destino no.
hoy te habría visto
el destino esta vez sí es Coruña,
el lugar, me digo
Y embarco
el avión despega sin carrerilla
a mí me cuesta más
hoy he visto la tierra desde el cielo
desde la tierra no se ve bien la tierra
si me ves mejor así házmelo saber
eso me aliviaría algo
podría tener un sentido
dejar la tierra para verla mejor
entre preguntas cotidianas
te recuerdo todo el tiempo
y serían graciosas
si no es porque las preguntas cotidianas
no lo son, porque nada es ya cotidiano
la lavadora lo es
el lavaplatos lo es
las preguntas no lo son
las turbulencias me recuerdan que sigo viva
¿quieres algo del menú?
no, mejor sí. Un brugal.
La Coruña es bonito desde arriba
y tiene mar
para ser un no lugar no está mal.
estoy tres días que espero sean tres y no uno
lluvia lluvia lluvia
o con suerte
lluvia lluvia sol
aterrizamos. ni me doy cuenta.
el pretérito perfecto aquí lo usan poco
yo acabo de volver de uno.
he vuelto.
ellos dicen volví.
pero no era perfecto
el taxi me lleva con los tres bultos
no digo nada
ojalá no me hable
no me habla
el hotel podría ser cualquiera
y estar en cualquier sitio
pero este es distinto aunque tenga tele
y salga gran hermano
porque está en La Coruña que no es un lugar
hoy lo parece pero no lo es
lo parece porque he llegado
o llegué
la lluvia es de verdad
no nieva.
dni, una firma.
Un plano.
es la primera vez que vienes
la segunda. la primera no llegué
no lo digo pero lo pienso
no vaya a ser que me entiendan
ahí está el ascensor, séptimo piso
el viaje…  terminado
sé que estoy en otro sitio
da igual cual. es trabajo
y las calles parecen calles
y las personas personas
y el mar es un mar
de cerca no sé cual
aquí no estás.
con suerte el viernes sol
dejo mis 3 bultos,
a lo mejor otro también.
cierro la puerta y salgo.
La Coruña. habitación 715

esta es una de esas cosas que quería hacer, una base de datos personalizada, con toda la información que no me cabe en la cabeza ni en un millón de papeles, a ver que tal sale.
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