Me he despertado sobresaltada y he abierto la puerta infinita que hay en frente de mí, de nuevo las paredes se han multiplicado, el techo ha bajado y luego ha desaparecido, menos mal, menos mal, al ver el cielo me he quedado más tranquila.
Me he despertado sobresaltada, he tardado en encontrar la puerta del baño, de nuevo no sabía dónde estaba durmiendo, me he golpeado la cabeza con el techo abuhardillado y me he asomado a la ventana, desde el quinto sólo veo el cielo, menos mal, menos mal.
Voy de colores y salgo de la trampa de las mil puertas por una ranura por la que casi no quepo, llueve fuera y las gotas pesan como todo un océano, treinta gotas me dejan abatida, descolorida.
Voy de colores y salgo como siempre con dificultad de mi casa que es una trampa dedicada a la inacción, recuerdo que mañana es mi cumpleaños, los treinta me dejan abatida, descolorida.
Un laberinto de metacrilato, perfectamente limpio, no hay señales de vida, no hay pistas, Me encuentro perdida en un laberinto de metacrilato. totalmente perdida. Frente a mí, una bailarina que gira a la izquierda, le pregunto -¿qué camino debo coger?-, me responde -eso depende de a dónde quieras ir- me detengo y pienso, me vuelvo morada.
Un laberinto de preguntas me tortura, no sé qué hacer, no hay pistas, no hay referencias claras, no tengo nada y no sé qué hacer. Me encuentro totalmente perdida. Escarbo en mi inconsciente, le pregunto -¿qué camino debo coger?-, me responde -eso depende de a dónde quieras ir- me detengo y pienso y pienso y pienso, me desmayo.
Vuelvo en mí. Elijo un camino, elijo uno que sigue siendo de metacrilato, pero decido pintarlo, mi brocha es muy pequeña, mis brazos son cortos, pero da igual, tengo todo el tiempo del mundo y es mi camino. El camino es recto y es curvo y es uno. Mis brazos son normales, el metacrilato desaparece, caigo al vacío, cojo mi paragüas y planeo.
Vuelvo en mí. Elijo un camino, no sé si es el que tiene que ser, pero confío en mí, no parace ser el más fácil pero no importa, tengo todo el tiempo del mundo y es mi camino. La ansiedad desaparece. El camino es recto y es curvo y es uno, decía Heráclito. Me siento bien. Todo lo anterior parece derrumbarse, pero no importa, estoy preparada para equivocarme.

6 comments
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Septiembre 11, 2008 a 9:47 pm
Sr. Capullo
Muy bonito cuento, Reich, de los que más me han gustado de tu cosecha. A lo mejor porque lo he entendido entero sin necesidad de una explicación personalizada… que todo puede ser.
Es normal sentirse perdida en ese laberinto de metacrilato… pero haz como yo. Cierra los ojos y olfatea el queso… y ese es el camino. Ahora en serio… la gente puede sentirse perdida, y por eso siguen a alguien muchas veces. Creo que tú eres de las que abren camino…
Un beso
(Esto de que moderes los comentarios es un rollo… uno piensa que es el primero en contestar… y resulta que soy el último.)
Septiembre 12, 2008 a 8:24 am
dannymacgill
Eso, eso, siéntate bien, que eso es bueno para la espalda…
Y cuando estés bien sentada, tomaremos el té. Y ya sabes: si no quieres más té, entonces tampoco menos. Más siempres es mejor que menos.
Me encanta tu relato, Reichel. Y tu laberinto de metacrilato, prefectamente limpio, tiene los días contados. Que lo pases genial esta noche, ya nos contarás qué tal la vida en el océano…
Septiembre 14, 2008 a 2:37 pm
crguarddon
Me encantó volver a leerte Reichel, con tu toque tan personal.
Estoy preparada para equivocarme, no resisto la tentación de volver a mencionarlo. Un beso guapa.
Septiembre 15, 2008 a 11:13 am
Frederic Samuel Perez
Muy buen relato, me encanta, pero me perturba el metacrilato, más todavía si está perfectamente limpio, es como ver la salida sin poder salir. Y el camino, que es recto y es curvo y es uno …. o no?
Septiembre 16, 2008 a 9:55 pm
pat
Todo fluye, nada permanece. Yo destaco la última frase. Un beso
Diciembre 17, 2008 a 9:41 am
Cyrano
Cierto, siempre hay que estar preparado para equivocarse…