You are currently browsing the daily archive for Mayo 22nd, 2008.
y blablablá, que si lo que hay que hacer es esto…puta moral cristiana católica apostólica romana.
y no me creo a nadie.
“es que si yo fuera tú, lo habría hecho de otra manera”
me cago en la puta!!! es que tú no eres yo!!!, es que si fueras yo, si de verdad fueras yo, entonces hubieras hecho exactamente lo mismo que yo, lo que pasa es que no eres yo, lo que te pasa es que no tienes ni puta idea de lo que es ser YO, porque eres TU!!!!
que no coño, que estoy mayor yo para lecciones morales.
FIDELIDAD, RESPETO ¿estamos locos?
¿y me lo dices tú?
me hablas tú de FIDELIDAD y RESPETO, tú que no te respetas, tú que no eres fiel a ti mismo, tú que te mueres por ser yo. Yo que no tengo principios.
que si hay que ser de tal forma o de tal otra, ¡¡venga hombre!!, no tengo ni tres minutos de mi tiempo para perderlos en ser cómo debería, pero tengo toda la vida para ser YO, y si te apetece, pues esto es lo que hay.
modernos de palo, malasañeros, estetas, arquitectos, la calle fuencarral entera, me los pasaría por los huevos si los tuviera.
¿Qué?, no me estoy cagando en Dios, todavía no, sólo digo que si a los humanos nos hubiera dado por inventarnos un Dios malo, en lugar de un Dios bueno, a lo mejor entonces, a lo mejor entonces nos llevariamos bien las personas. no lo sé.
y me meto en el metro, y me mira la mechas rubias de arriba a abajo, como otras veces, pero hoy no tengo el día y te voy a esperar. Ella empieza por los pies (mis botas rosas), tobillos (calentadores plateados), los muslos y la cintura (dos medias superpuestas unas más cortas azules, unos leggins morados y minifalda escocesa) el torso (una camiseta negra y unas medias moradas que hacen de mangas), el bolso (el de chapas y ganchillo), el cuello (mi collar de antena y tuercas) y llega a mi cara, y yo la estoy esperando y me mira a los ojos, y yo la sostengo la mirada, un poco más, un poco más, y la suelto, y empiezo a mirarla de arriba a abajo: sosa, sosa, sosa, sosa, sosa, sosa, y llego a los pies, y sonrío de medio lado.
tú que me hablas de principios, ¿hay alguno que sea tuyo?. ¿Eso es lo que se supone que tengo que ser? ¿como la rubia esta que va tan mona?. Ni tres minutos, ni tres segundos, ni muerta.
Pero si tiras tus putos principios, tus prejuicios y tus historias a la basura, entonces, entonces conmigo tienes barra libre.
Septiembre nació con los ojos abiertos.
Su madre solía contar esa historia. “Septiembre nació con los ojos abiertos y no le dieron el azote, porque era evidente que además de respirar, nos estaba observando a todos”.
Septiembre permaneció así, con los tan ojos abiertos que finalmente consiguió que cobraran vida por sí mismos, y entonces ya no necesitó hablar nunca más.
Septiembre solía pasear con su perro, Marzo.
Marzo nació también con los ojos abiertos, deseando ver lo que nunca vería. Marzo nació ciego.
Septiembre era lazarillo de Marzo.
Marzo solía pasear con su amiga Septiembre.
Imaginaba lo que no veía, y entonces veía un camino de arena y unos palos de luz en los que miccionaba para contar historias a otros perros, y luego veía el parque que olía distinto y sabía distinto, y unas personas, unas de rojo y otras de azul, veía puntos naranjas si miraba hacia el sol, y veía el cielo, y la lluvia, y los relámpagos, y al ver los relámpagos ya no le asustaban los truenos. Y sobre todo, veía a Septiembre, tan pequeña y delgadita, tan blanquita y tan callada y con unos ojos que miraban todas las cosas, con unos ojos que no sabían seleccionar, unos ojos que almacenaban imágenes perfectas y sin vida.
Así que Septiembre andaba despacio para no perderse nada, al lado de Marzo que de verdad no se perdía nada.
Marzo era lazarillo de Septiembre.
Junio tocaba el saxo.
Junio bajó del tren, se apeó en la estación del Año situada en el pueblo del Mes.
Nunca antes había llegado nadie negro a Mespoint, los adultos lo miraban extrañados, y los niños lo tocaban y le preguntaban si llevaba un disfraz o una máscara. Junio no contestaba, tenía por costumbre no contestar tonterías.
Junio nació de pie, una proeza total, de pie y sin caerse y eso que tenía una pierna más larga que otra. Dos centímetros.
“…bueno, poca cosa señora, según se mire, esos dos cm provocarán en su hijo una leve cojera de por vida”.
Junio siempre afirmó que él andaba así por chulería, para sorprender a las alemanas, ¡que coño!, ¡¡¡era un músico de jazz por todos los santos!!!, no pretenderían que anduviese como el resto ¿no?.
Marzo se detuvo frente a Junio para ver lo que no veía: un hombre negro que sonaba sin moverse, un hombre negro extraordinario.
Septiembre se detuvo frente a Junio, y vio todos los componentes, todas las circunstancias que conformaban a aquel hombre. Su pelo negro, su cara negra, sus orejas negras, su nariz perfecta, su boca grande roja, su traje, su saxo soprano, un Selmer Mark VI, pero no vio a Junio.
Junio se detuvo y vio a Septiembre de grandes ojos y a Marzo de grandes ojos.
Marzo se sentó.
Junio comenzó a tocar.
y Septiembre lo miró, y esta vez, esta vez sí que lo vio.
